sábado, 17 de octubre de 2009

Fragmentos de otro poema para una mujer extensa y amada

“ Denisse: los sorgos rojos no florecen pero no importa, si empecé a buscarlos desde que tus ojos los pintaron.
Algún día florecerán y entonces te llevaré a un lugar donde las espigas se confunden con el sol y dejen manchado de rojo el cielo y tus labios”



Así terminó el fragmento de poema que ella me regaló hace años. Desde entonces florecieron los sorgos una y otra vez y así mismo se secaron y fueron cosechados una y otra vez, manchando de rojo el cielo, mis labios y su boca.

Pero, desde un tiempo que no capturo en mi memoria ya no hay sorgos rojos, no quedan labios ni besos.